España, una economía en la segunda velocidad

Después de dos trimestres consecutivos de ligero crecimiento –0,1% en el primer trimestre y 0,2% en el segundo– y de salida técnica de la recesión todo parece indicar que la economía española sufrirá una recaída en la segunda parte del año.

La Comisión Europea prevé que el PIB sufra una contracción de una décima en el tercer trimestre para volver a recuperar tasas positivas de crecimiento en la parte final del año, aunque de manera tenue.

Bruselas atribuye el repunte en la primera mitad del año a factores coyunturales, como la subida del IVA, que provocó el adelanto de decisiones de compra. Como consecuencia de esos datos más favorables de lo previsto, Bruselas ha elevado en una décima su previsión de PIB para el conjunto del año, que sitúa en una caída del 0,3%. Una mejora exigua que contrasta con la sensible revisión al alza de las previsiones de crecimiento para la eurozona, situadas ahora un 1,7% en lugar del 0,9% anterior.

A ello ha contribuido el espectacular despegue de Alemania, pero también al favorable comportamiento de otras grandes economías, como la francesa. España será el único gran país de la UE cuya economía siga contrayéndose este año. Estos datos, como ayer advertía el comisario Olli Rehn, ponen de manifiesto “una recuperación a varias velocidades”, que tiene también su reflejo en la desbocada tasa de paro en España, por encima del 20%, el doble que la media europea.

El horizonte para España está condicionado por las incertidumbres, que hacen temer un largo periodo de estancamiento. Al contrario que en otras grandes economías europeas, el sector exterior aquí sigue sin ofrecer el dinamismo requerido para compensar el hundimiento de la demanda interna.

Hay que sumar también la estrechez que aún caracteriza los flujos crediticios hacia las empresas, pese a que se ha avanzado bastante en la consolidación del sector financiero, lo que impide reflotar la confianza y espolear las inversiones.

La Comisión también observa para el conjunto de la eurozona una moderación en el ritmo de recuperación en la segunda mitad del año, y eso, junto con la debilidad que siguen mostrado EEUU y Japón, no ayudará a reactivar el crecimiento de la economía española.

Los obligados recortes presupuestarios también lastrarán el crecimiento. Pese a ello, con la reestructuración de las cajas y la publicación de las favorables pruebas de resistencia de la banca, los mercados de capitales se están abriendo para algunas entidades españolas y el Tesoro está colocando la deuda con mayor facilidad, disipándose así una coyuntura muy peligrosa.

Pero nada garantiza que los problemas no vuelvan a rebrotar. Sobre todo si la economía española no logra recuperar unas aceptables tasas de crecimiento, al menos para cortar la hemorragia laboral y para evitar que se reproduzcan los recelos sobre la sostenibilidad de las cuentas públicas.

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